Tindaya se sitúa en el municipio de La Oliva, al norte de la isla.

Es una de las tantas montañas que se encuentran repartidas por el interior de la zona norte de Fuerteventura, pero no es una más; Tindaya es mucho más que una montaña.

Es una montaña cargada de misterio e historia; una montaña considerada sagrada por lo aborígenes de la isla; una montaña en la que se han encontrado cientos de grabados en piedra de la época pre-colonial.

De aquellos tiempos en la que los mahos, aborígenes de Fuerteventura, realizaban rituales en Tindaya, ya sólo quedan como testigos estos grabados, grabados podomorfos cuya finalidad no goza de consenso entre los historiadores.

Tindaya: Montaña Sagrada

¿Por qué se consideraba a Tindaya una Montaña Sagrada?

 

En la época pre-colonial, Fuerteventura se encontraba habitada por una etnia magrebí proveniente del norte de África. Y para algunas etnias magrebíes, los accidentes geográficos poco comunes, entre los que se cuentan las montañas, tenían carácter sagrado, pues los atribuían a una manifestación de poder de la naturaleza. Creían que algunos monumentos naturales se encontraban habitados por dioses, y les debían rendir culto.

En Fuerteventura fueron diversas las manifestaciones de la naturaleza que los aborígenes veneraron, pero la más importante fue la montaña de Tindaya, a la que creían un una forma de personificación de las deidades.

La función que cumplían los grabados no goza de consenso en la comunidad investigadora. Así, mientras unos opinan que servían como símbolos de alianzas y matrimonios; otros creen que los mahos tenían en Tindaya el lugar donde impartir justicia, y los grabados pretenden simbolizar los pies del preso; otros que los grabados nacen de diferentes ritos religiosos y creencias aborígenes, como ofrendas a los Dioses a cambio de agua. Dado que muchos grabados se encuentran orientados al Teide, algunos investigadores interpretan que los mahos creían que en el Teide vivía el Diablo, dadas las fuertes explosiones volcánicas que observaban desde Fuerteventura.

Y así nace la leyenda de Tindaya, una montaña con 401 metros de puro misterio. Sólo sus paredes y grabados quedan como testigos presenciales de lo que realmente ocurría aquí: sacrificios, rituales religiosos, alianzas, justicia…

[mappress mapid=”77″]